La
condición de bisiesto del 2008 es un buen pretexto para hurgar en los
orígenes de esa singular costumbre de alargar en un día la duración
habitual del mes de febrero, el más corto del almanaque.
Consultado sobre el tema, el profesor Jorge Pérez Doval, del
Instituto de Geofísica y Astronomía, del Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente, explicó que los años bisiestos surgen en
el 45 antes de nuestra era, cuando el emperador romano Julio César
creó un calendario que pretendía corregir la diferencia de casi seis
horas existente entre la duración real del año civil de 365 días, y el
denominado año trópico o solar, referido al tiempo que demora la
Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol. También se
proponía ordenar los diferentes sistemas existentes de medición del
tiempo .
Para superar esa irregularidad, el soberano buscó la asesoría de un
astrónomo nombrado Sosígenes, quien sugirió añadir al calendario
Juliano un día adicional cada cuatro años en febrero.
Pese a la modificación, el calendario tampoco quedó en orden, pues
en la práctica el Juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que
el año trópico.
Al pasar los siglos empezaron los problemas al desplazarse cada vez
más el comienzo de la primavera en el año calendario, con respecto al
año astronómico. Así por ejemplo, en 1582 el equinoccio de primavera
en el hemisferio norte ocurrió el 11 de marzo y no el 21, como suele
suceder.
Ello motivó que el Papa Gregorio XIII, asesorado por el astrónomo
Klavius, decidiera ese propio año reformar de forma brusca el
calendario para lo cual eliminó de un golpe diez días del décimo mes,
al disponer que después del 4, el día 5 de octubre se contara como el
15.
Gracias a ese procedimiento al año siguiente el inicio de la
primavera volvió a coincidir con la fecha prevista, al igual que el
resto de las estaciones y celebraciones religiosas.
Para evitar futuras irregularidades, el Papa eliminó también tres
años bisiestos cada cuatrocientos años del nuevo calendario gregoriano
y estableció la regla, todavía vigente, de que solo serían bisiestos
aquellos divisibles entre cuatro, excepto los últimos de cada siglo,
los cuales solo alcanzarían esa condición si eran divisibles entre
400. Ello explica que no fueran bisiestos 1700, 1800 y 1900, y sí el
1600 y el 2000.
Al estar bajo la tutela de España, nuestro país adoptó el
calendario gregoriano en 1583, es decir al año siguiente de haber sido
establecido por la Iglesia Católica, y mucho antes de que lo hicieran
otros países, como Inglaterra (1752), Rusia (1918) y Rumanía (1919).
Doval apuntó que quizás dentro de miles de años se hará un nuevo
reajuste, pues todavía existe una diferencia de 26 segundos entre el
tiempo empleado por la Tierra en dar la vuelta completa en torno al
Sol, y la duración exacta del calendario gregoriano.