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Las misiones se quedan
Cinco años después, las misiones
sociales demuestran que siguen siendo las hijas saludables del parto
revolucionario en Venezuela
CARLOS SÁNCHEZ
D esde
América Latina, millones de miradas expectantes, tratan de descifrar
lo que ocurre en Venezuela. Y muchos se hacen una pregunta
recurrente: ¿por qué son las misiones sociales la bandera insignia
de la Revolución bolivariana?
Para responder esta interrogante, debemos recordar que ellas
nacen en el año 2003, cuando Venezuela aún sufría los graves
avatares dejados por el golpe de Estado de abril del 2002 y el paro
petrolero. Ambos apoyados por la oligarquía venezolana y por el
gobierno de Estados Unidos bajo la administración de George W. Bush,
el presidente con menos popularidad en la historia de ese país.
Tales acciones no lograron derrocar al Gobierno bolivariano, pero sí
ocasionaron serias consecuencias negativas a la economía de la
nación y por ende al modus vivendi de la población, sobre
todo a la mayoría empobrecida que conforma más del 70%.
Había que avanzar partiendo de una premisa ineludible: como
consecuencia de los embates de la oposición, durante ese periodo el
PIB cayó más de 20%, el desempleo aumentó casi a 25%, el salario
real disminuyó sensiblemente; solo fue posible construir algunos
miles de viviendas y la canasta familiar alimentaria se hizo
inaccesible para muchos millones de personas. Por consiguiente,
aumentaron el hambre, la mendicidad, la inseguridad y la violencia
ciudadana. Sin embargo, buena parte de la gente pobre no disminuyó
su fe en las posiciones y promesas de Hugo Chávez.
La Revolución debía actuar con rapidez. Era imprescindible
hacerlo además, por medio de medidas que dieran frutos palpables y
al alcance de la mayor cantidad posible de las personas humildes. Se
hacía imperioso mostrarles con hechos que la Revolución por la que
lucharon en abril, y que respaldaron vehementemente en diciembre y
en otros enfrentamientos, tenía sentido.
Esa ofensiva no podía desatender tampoco el campo político, pues
la oposición a pesar de las derrotas sufridas, tenía el apoyo de los
medios de comunicación privados y el respaldo de Bush. Tal
circunstancia permitió a la oposición proponerse sacar a Chávez por
medio del referendo revocatorio, que era posible activar a finales
del 2003 o principios del 2004. Este suceso resultaba muy riesgoso
para el presidente Chávez, pues una parte de sus seguidores menos
conscientes, eran susceptibles de ser manipulados en su contra. De
hecho las encuestas más serias así lo indicaban.
En ese contexto de tensiones y disyuntivas surgen, a partir de
abril del 2003, las misiones sociales. Con el objetivo fundador de
profundizar la Revolución bolivariana y consolidar la democracia
social participativa. Estas políticas revolucionarias significan el
mayor y el más original esfuerzo que haya conocido Venezuela para
pagar la inmensa deuda social de décadas de capitalismo salvaje.
Ellas representan medios necesarios para acabar con la miseria y
consolidar una sociedad de ciudadanos y ciudadanas libres e iguales.
Su propósito fundamental es enfrentar las causas y consecuencias de
la pobreza y la exclusión, con la participación protagónica del
pueblo.
Las misiones pasaron a convertirse en el acontecimiento más
trascendente y fundamental del proceso de cambios sociales. Son
auténticas iniciativas de Venezuela, sin precedentes por sus
características en el mundo entero.
Comenzaron a funcionar sin compromisos burocráticos ni esquemas
formalistas, signadas por el afán de conseguir resultados eficientes
y muy rápidos. Los efectos no se hicieron esperar, casi
inmediatamente gran parte de la población comenzó a participar
activamente en estos programas sociales, que generaron gran nivel de
aceptación en el pueblo. Además, se orientan en la concepción del
presidente Chávez de otorgarle poder a los pobres, para que ellos
mismos sean protagonistas de su emancipación. Y de ese modo,
distribuir la renta petrolera en un sentido equitativo y justo.
COMO MISIONEROS
Los resultados de las misiones sociales comenzaron a brotar muy
rápidamente, en casi todos los sectores. Por ejemplo, la Misión
Robinson, a través del método Yo sí puedo y con la ayuda de
los colaboradores cubanos y venezolanos logró erradicar el
analfabetismo en poco más de un año. Tal efectividad fue reconocida
por la UNESCO y coloca a Venezuela, junto a Cuba, como los únicos
países de Latinoamérica en lograr tal hazaña.
Por su parte la Misión Barrio Adentro ha salvado la vida a más de
425 000 personas. Y cinco años después de iniciarse, representa el
sistema de salud más eficaz del país, al exhibir resultados
impresionantes: casi 350 millones de consultas realizadas, más de
548 000 operaciones de la vista, por la Misión Milagro.
Otra conquista indiscutible es lo aportado por los programas
alimentarios: MERCAL y PDVAL benefician a más de 12 millones de
venezolanos y las Casas de Alimentación le garantizan el almuerzo a
900 000 seres humanos. Lo mismo podría decirse sobre otras misiones
como la Negra Hipólita, Ribas y Sucre. La misión Ribas ha graduado
más de medio millón de bachilleres y en la Sucre, estudian 458 000
en 24 carreras universitarias.
Son indiscutibles los resultados positivos que arrojan las
misiones sociales, a pesar de la celeridad con que se pusieron en
práctica. Creo que un factor importante es la confianza que deposita
el pueblo en su máximo líder, quien no dudó en hacer suyas las
misiones y ello se expresó en el alto nivel de participación
ciudadana logrado. Otros elementos que sin duda contribuyeron,
fueron los elevados precios del petróleo y el correcto manejo que el
Presidente ha procurado con esos ingresos, que proporcionan los
recursos necesarios para poner en marcha una gran cantidad de
proyectos sociales.
Sin embargo, considero que las misiones sociales en esta nueva
etapa de consolidación deberían tener un mayor alcance a todos los
estratos de la población. Es correcto que se haya priorizado a los
sectores más humildes, excluidos históricamente por los gobiernos de
la IV República, y en particular en más de 40 años de supuesta
democracia. También es cierto que entre la mayoría de la clase media
y alta la aceptación de las misiones no ha sido igual que la
expresada por los sectores populares.
Es allí, en los sectores tradicionalmente favorecidos, donde el
Gobierno bolivariano pudiera trabajar para convertir sus debilidades
en fortalezas, y acercar los beneficios directos de las misiones a
los sectores de la clase media. El Presidente Chávez insiste una y
otra vez en el hecho de que aunque estos sean menos necesitados, de
igual forma tienen los mismos derechos, consagrados en la
Constitución de 1999, la Carta Magna que ahora también ellos dicen
defender.
El Gobierno bolivariano estará mucho más fortalecido si los
ciudadanos de esos sectores, denominados B y C por los cuentistas
sociales, reciben más y mejores servicios médicos gratuitos,
educacionales, culturales y deportivos, entre otros. Además, es
importante hacerles ver que un pueblo más educado y culto, con más
empleo y mejor alimentación, y que tenga un mayor acceso a la
recreación y el deporte, seguramente será menos violento y más
feliz. Ese camino que ofrece hoy la Revolución, favorecerá por igual
a toda la población.
REVISIÓN, RECTIFICACIÓN Y REIMPULSO
Para muchos venezolanos, no es necesario crear nuevas misiones.
Con las ya existentes puede ser suficiente, pero estas podrían
ampliarse y divulgarse más, para tener un mayor campo de acción, que
les permita beneficiar a toda la ciudadanía. De ese modo la correcta
estrategia política, económica y social, que encarnan las misiones,
se complementaría y ayudaría a desarrollar y consolidar más el
proceso socialista que lidera el mandatario venezolano.
Otro punto importante es el reimpulso de las misiones. Corregir
algunas deficiencias o dificultades lógicas que intentan enquistarse
en ese proceso lleno de generosidad y mucho humanismo que
caracteriza a la Revolución bolivariana. Por cierto, esa es una
responsabilidad que compete a todos los que están comprometidos con
este proceso y no solo le corresponde al primer mandatario. ¡Por eso
es tan crucial ampliar la influencia de las misiones sociales y
hacerlas más eficaces!
Reflexión aparte merece un aspecto que muchos consideramos como
el talón de Aquiles del proceso bolivariano. Me refiero a la forma y
la frecuencia como se han divulgado los avances y logros de las
misiones, que la oposición ataca constantemente, muchas de las veces
con mentiras y tergiversaciones. Este asunto debe ser evaluado y
aunque hay que reconocer que se observan mejoras, ellas aún son
insuficientes.
La creatividad, pujanza e inmenso alcance social de las misiones
merecen un reflejo más idóneo en los medios de comunicación, que
debe estar a la altura del hecho histórico que ellas representan.
¿Habrá que inventar una misión dedicada a los medios de
comunicación? ¿Cuándo se podrá superar lo que el propio Chávez bien
ha conceptualizado como la falla tectónica de la Revolución?
Y por último, mientras usted trata de hilvanar sus propias
respuestas a mis interrogantes, reconozco el gran esfuerzo que el
proceso bolivariano ha venido realizando no solo a través de las
misiones, sino de su política incluyente en general. Ellas le
valieron, indiscutiblemente, el apoyo de la mayoría de la población.
Millones de personas que ahora saben votar y defender los logros
sociales que están en juego; aunque el mejor atributo de las
misiones sociales ha sido y es su afán de servir al pueblo, sin
fines politiqueros ni populistas y mucho menos de manipulación
electoral.
Como dice un graffiti a la entrada de un populoso cerro
caraqueño: "las misiones se quedan". No podrá eliminarlas la
oligarquía, por dos sencillas y altruistas razones: le dieron más
poder a los pobres y hacen cada día más libre a todo el pueblo.
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