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Nunca dudamos de que nos encontrarían
Esa certeza no abandonó a los cinco
pescadores del Langostero 100 que naufragó ante los embates de
Gustav
ALFONSO NACIANCENO y Juvenal
Balán (fotos)
alfonso.gng@granma.cip.cu
juvenal@granma.cip.cu
Ninguno de los cinco tuvimos duda de que nos saldrían a buscar y
nos encontrarían. Siempre estuvimos juntos, aun en los peores
momentos, cuando ya llevábamos 27 horas flotando abrazados a un remo
de la embarcación, desafiando al cansancio y al sueño que
debilitaban nuestras fuerzas.
Al
llegar a Batabanó, fueron recibidos por los trabajadores de la
empresa y saludados por el ministro de la industria pesquera,
Alfredo López, y otras autoridades del Partido y del gobierno en el
municipio.
Esa fue la primera imagen ofrecida, al llegar a tierra, por José
Miguel Cruz, uno de los cinco pescadores rescatados en la tarde del
lunes, cerca de la Ciénaga de Zapata, después de que su pequeño
barco de ferrocemento, Langostero 100 (12 metros de largo y 4 de
ancho), naufragara el viernes pasado ante un mar embravecido y la
embestida de los vientos del huracán Gustav.
"La odisea comenzó cuando después de recibir el aviso de volver a
puerto intentamos iniciar el regreso al Combinado Pesquero Camilo
Cienfuegos, en el Surgidero de Batabanó. Recogimos nuestras artes de
pesca, pero ya el mar empezaba a ponerse peligroso", explica Ismael
Domínguez, otro de los marineros. "Decidimos refugiarnos en un cayo,
y al tirar el ancla para fondearnos cercanos a tierra a este se le
rompió el cabo, por lo que arrancamos el motor de la embarcación
para alcanzar el firme. En ese momento se nos partió el cable del
gobierno del barco y nos quedamos a la deriva. Ya zozobrábamos y al
cabo de unos minutos no tuvimos otra alternativa que lanzarnos al
agua, únicamente con unos salvavidas, en tanto veíamos cómo la nave
se hundía", relata Domínguez.
Inmediatamente
fueron examinados por un equipo médico.
Cada hora transcurrida aumentaba la desesperación de este grupo
de pescadores, integrado también por Osniel Cánovas (patrón del
Langostero 100), Jorge Amaya y Yasiel Valdés, quienes nadaron hasta
encontrar un faro de guía de navegación, convertido en faro de
salvación, que les sirvió para descansar: tres hombres subían a su
borde, en tanto otros dos permanecían en el agua, sin espacio ni
oportunidad para ceder ante el insoportable sueño.
Calambres, alucinaciones, vómitos y mareos sufrimos durante tan
desagradable experiencia, dice Osniel Cánovas, quien repetía una y
otra vez que estaba muy agradecido a sus cuatro compañeros, porque
no lo abandonaron en ningún momento. "Me dieron una gran muestra de
solidaridad, porque fui el que más dificultades presenté. En dos
oportunidades debieron darme respiración boca a boca, masajes y
golpes en la espalda. Yo creí que me moría, hice una hipoglicemia,
me puse muy mal, pero siempre dijimos que nos salvaríamos los cinco
juntos."
Recibidos
por sus familiares.
Mientras todo eso ocurría, desde el momento en que se detectó la
ausencia del Langostero 100 tras la orden de regresar a puerto, se
desató un intenso movimiento para garantizar la búsqueda de los
pescadores, por aire y por mar. Se calculaba que en un plazo de 10 a
12 horas debió estar de regreso, pero no ocurrió así.
Un total de 36 embarcaciones, tres helicópteros y dos aviones
participaron en la búsqueda, que no se detuvo hasta que los cinco
tripulantes fueron hallados.
"Yo no sé si eso sucede en otro país, pero sí estaba convencido
de que la Revolución no nos iba a abandonar. Miren la cantidad de
medios empleados para rescatarnos, todos nuestros compañeros de la
flota participaron también, por eso nos sentimos muy orgullosos de
pertenecer a este pueblo", dijo José Miguel Cruz antes de ser
trasladado al puesto médico donde se les hizo un minucioso
reconocimiento a cada uno de ellos.
El pueblo de Batabanó no dormía desde que se conoció de la
desaparición de sus pescadores. Allí, cerca de la explanada por la
que arribó el barco que trajo a los tripulantes del Langostero 100,
muchos se agolpaban para recibirlos, abrazarlos. Y, por supuesto,
allí también, ansiosos y confiados en el gran esfuerzo realizado por
encontrarlos, estaban sus familiares. El abrazo, entre sollozos y
alegría, selló el reencuentro de estos hombres con sus seres
queridos, en tanto dejaban una frase flotando en el aire: ¡Queremos
un nuevo barco para hacernos otra vez a la mar! |