MADRID.— Fuertes vientos de corrupción y espionaje interno
sacuden hoy al opositor Partido Popular (PP) de España y alimentan
la intensidad de un huracán político con epicentro en una implacable
lucha por el poder.
La guerra intestina quedó en evidencia en marzo pasado tras la
derrota electoral del líder del PP, Mariano Rajoy, y tiene en uno de
los frentes a la titular del gobierno de la Comunidad Autónoma de
Madrid, Esperanza Aguirre.
Discípula sobresaliente del ex presidente español José María
Aznar y del PP, la gobernante madrileña ocupa ahora el centro de un
sonado escándalo de espionaje dentro de su propia administración,
revelado hace un mes por el diario El País.
A esa trama se le acaba de agregar un caso de corrupción
relacionado con un grupo de personas que obtenían, a través de
varias sociedades, contratos en gobiernos locales dirigidos por el
PP.
Y por si fuera poco, el pasado viernes salió a la luz pública que
el principal candidato del PP para las elecciones de Galicia, Luis
Carrera, fue retirado de la contienda tras conocerse que cobró
comisiones por 240 000 euros por intermedio de un paraíso fiscal y
sin pagar impuestos.
En el primer caso, se trata de una red de agentes que espiaron a
altos cargos del gobierno de Madrid, y que fue creada, según El
País, por el consejero de la Presidencia, Justicia e Interior de ese
gabinete, Francisco Granados, para el seguimiento de figuras
políticas.
Ese aparato, integrado por ex policías y ex guardias civiles,
conseguía datos reservados, al margen del control político o legal,
a través de sus propias pesquisas y de contactos en los órganos
policiales.
La trama provocó una andanada de críticas contra la presidenta
Aguirre, a quien se señala como eje central de la madeja de espías,
y derivó ahora en la creación de una comisión investigadora, aunque
dirigida por el propio PP.
Mientras, el arresto de cinco personas por orden del juez
Baltasar Garzón detonó otro escándalo de corrupción. Entre los
arrestados están los empresarios Pablo Crespo Sabaris, ex secretario
de Organización del PP, y Francisco Correa Sánchez, señalado como
amigo íntimo de Alejandro Agag, yerno del ex presidente Aznar.
Sobre los detenidos pesan acusaciones por los delitos de cohecho,
tráfico de influencias, blanqueo de capitales, fraude fiscal y
asociación ilícita.
Los investigadores tratan de demostrar la presunta existencia de
una red de corrupción que lograba contratos en administraciones
públicas controladas por el PP, las cuales después recibían
distintos servicios en sus campañas electorales. (PL)