Como
quien no quiere las cosas, Pablo Armando Fernández, uno de los más
importantes escritores cubanos de la hora actual, completará este
lunes su octava década de vida, con una presencia medular en la
cultura nacional y su irradiación fuera de nuestras fronteras.
Quizás la noticia sorprenda a muchos, pues en las fichas
biográficas se suele fechar en 1930 el nacimiento del escritor. Pero
en realidad, como él mismo indica, nació el 2 de marzo de 1929 en el
central Delicias, al norte de la región oriental. Curioso es también
en su caso el doble sentido de pertenencia que siente y que, a la
vez, le profesan los tuneros y holguineros, más allá del trazado de
la división político-administrativa que entró en vigencia en los
años setenta.
Por encima del amor al terruño está el de la Patria. Él ha dicho:
"Me siento realmente muy querido en todo el país. Se me mira con
respeto, de un modo tan afectivo que me conmueve y me hace feliz.
Los senderos de mi existencia están implícitos en mi obra, pero ya
estaban programados siglos atrás; lo que de verdad me hace cubano es
la historia, los hombres y mujeres que entregaron su fortuna para
hacer de Cuba un país soberano. Eso te lo vas a encontrar en la
poesía desde Heredia hasta Guillén. Sentirme parte de esa generación
consolida mi ser".
Entre las obras publicadas por Pablo Armando se encuentran los
peomarios Salterio y lamentaciones (1953), Nuevos poemas
(Nueva York, 1955), Toda la poesía (1961), Himnos
(1962), El libro de los héroes (1962), Un sitio permanente
(Madrid, 1970), Campo de amor y de batalla (1984), El
sueño y la razón (1988), y Pequeño cuaderno de Manila Hartman
(2000).
Pero también se ha distinguido como novelista. Uno de los textos
narrativos que señaló nuevos rumbos en la novelística cubana de la
segunda mitad del pasado siglo fue Los niños se despiden,
premiado en 1968 por Casa de las Américas. No pocos méritos la
crítica atribuye, además, a El vientre del pez (1989), y
Otro golpe de dados (1993).
Tempranamente, otro gran escritor cubano, Eugenio Florit,
advirtió en la creación literaria de Pablo Armando: "Como toda
auténtica poesía, la seria, la sincera, la honrada poesía, esta de
Fernández es puerta que nos abre el paso al otro dominio. No hace
falta decir cuál es. Otro dominio que en su misterio ya nos mete en
cuerpo y alma en lo más hondo. Y en lo más alto".
Esa ha sido siempre su aspiración y su logro, del cual nos
enorgullecemos los lectores cubanos.