Los
bolsos de fotografía ponen a prueba las aptitudes físicas de hombres
y mujeres, por más vacíos que estén, pesan un montón, pero a Marisol
la carga no la asusta, ella trata de mantenerse en forma.
Sobrada agilidad demostró para seguir el ritmo de los pedalistas
en la recién concluida Vuelta Ciclística a Cuba, edición que
refulgió tanto en medallas e hitos deportivos como por transgredir
estereotipos sexistas, favorecedores de un patronato reporteril.
Aunque a veces extrañe andar ligera o lucir una cartera pequeña,
"delicada", acepta sin enojos los rigores impuestos por su arte,
incluido el de no usar sayas o vestidos.
"Cuando uno está enamorado, como yo de la fotografía, es incapaz
de ver los defectos", explica mientras hurga dentro del atestado
maletín, donde conviven cámara y lente con polvos y creyones.
"Siempre fui la fotógrafa aficionada entre mi familia y amistades,
me sedujo el hecho de atrapar recuerdos para futuras generaciones",
evoca.
El ejercicio profesional fue un reto autoimpuesto, una marcha a
contracorriente. "Al principio me sentía relegada, sobre todo por
personas ajenas a los medios de prensa, que no concebían a una mujer
en estos desempeños. Con mi entrada a la Agencia de Información
Nacional, en la corresponsalía de Matanzas, las cosas cambiaron.
Encontré mucho apoyo entre mis colegas".
Haber desoído a los prejuiciosos y alcanzado reconocimiento en un
sector de prevalencia masculina no le bastó para acometer otra
"osadía". Con apenas 25 años, Marisol Ruiz Soto logró convertirse en
la primera mujer en retratar la Vuelta Ciclística a Cuba.
"La aventura es ciertamente dura y peligrosa, pues viajamos en
moto todo el tiempo, a mucha velocidad. Pero si tantos hombres lo
hacen, ¿por qué las mujeres no podríamos? Además, el grupo de
reporteros fue muy atento conmigo, me acogió sin remilgos y me ayudó
mucho.
"Una de las cosas más difíciles de este tipo de coberturas es la
separación, estar lejos del hogar, pero cuando existe el propósito
de hacer bien lo que nos gusta, una se sobrepone", asegura esta
joven pequeña, de brío gigante, que no niega servirse de tres
mujeres ejemplares para enfrentar desafíos cotidianos.
Dos de ellas son muy especiales para todas las cubanas: Vilma
Espín y Celia Sánchez. "Ambas lograron, con dulzura y a la vez mano
fuerte, elevar nuestro género al lugar que le corresponde. La
tercera es Marta Soto, mi mamá".
La decimocuarta Vuelta Ciclística, al incluir a Marisol, marcó
sin premeditación el inicio de los festejos por el VIII Congreso de
la Federación de Mujeres Cubanas, previsto para los días 7 y 8 de
este mes.
Nuestra entrevistada no es delegada al cónclave pero sí miembro
de la organización, y en ella reconoce fuerza emancipadora. "La FMC
nos hace sentir respaldadas en cualquier rincón del país y nos reta
constantemente a desafiar aquellas cosas que no podemos hacer".
En esa lista de "salvedades" al desempeño femenino, en definitivo
proceso menguante, Marisol ha logrado implantar un borrón y cuenta
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