.— Tras su fracaso electoral, la
Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) vive hoy una profunda
crisis, marcada por divergencias internas y disputas de varios
grupos por mantener el control del partido, señalaron analistas
salvadoreños.
ARENA, que se mantuvo en el poder durante 20 años, fue derrotada
en los comicios presidenciales del 15 de marzo cuando su candidato,
Rodrigo Ávila, perdió frente a Mauricio Funes, del Frente Farabundo
Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
A sólo unos días para el traspaso del poder en el país, el
partido de derecha enfrenta dificultades para elegir a sus nuevos
dirigentes.
La alianza hasta ahora solo anunció el nombramiento del
presidente de su Consejo Ejecutivo Nacional, el ex primer mandatario
Alfredo Cristiani, aunque la designación cuenta con muchos
detractores que lo consideran un retroceso.
También suscitó discrepancias la propuesta del diputado Alberto
Romero como nuevo jefe de bancada en la Asamblea Legislativa y aún
se desconoce quien ocupará el cargo.
Analistas hablan de un cisma dentro de la organización y de la
existencia de dos fuerzas, una encabezada por el actual presidente
de la república, Antonio Saca, y otra por el ex mandatario Armando
Calderón Sol.
Miembros del FMLN consideran que en ARENA persisten luchas
intestinas por mantener el control del partido.
Un análisis realizado por la Universidad Centroamericana (UCA)
señala, por su parte, que en la Alianza Republicana Nacionalista no
hay señales de modernización, sino más bien un retroceso.
De acuerdo con la UCA, ARENA aún no ha comprendido la dimensión
histórica de la derrota electoral.
Además de perder la presidencia, ese partido redujo de manera
considerable el número de alcaldías bajo su poder y disminuyó a 33
los escaños en la Asamblea Legislativa.