Frecuentemente uno lee cables de agencias internacionales de
prensa que no reflejan con objetividad la realidad cubana. Tal es el
caso de un reciente despacho de Reuters que, con prejuicio y mala
interpretación de artículos publicados en Granma y de
declaraciones de funcionarios del Gobierno, casi da por hecho, cual
fantasma en escena, el regreso de los apagones.
El corresponsal no ha entendido el mensaje. Las veces en que
aparece el vocablo apagón en los textos referidos ha sido para
alertar la necesidad de evitar el sobreconsumo, porque de lo
contrario, habrá apagones.
No se puede desconocer la difícil coyuntura económica que tiene
Cuba ante sí, motivada por la crisis global del capitalismo, la cual
tiene lógicos impactos en nuestro país, con las agravantes de
enfrentar además una guerra económica (más que bloqueo) por cinco
decenios y la pérdida de 10 000 millones de dólares como
consecuencia del paso de tres huracanes por el territorio nacional.
Minimiza el colega de la agencia británica que nuestra sociedad
tiene en el capital humano su mayor riqueza. Es por ello que,
apelando una y otra vez al recurso de participación de todos, Cuba
sale airosa de complejas situaciones.
Los profesionales de la prensa saben, porque viven aquí, que en
Cuba gestión de Gobierno y gestión de pueblo se dan la mano.
Se pretende ofrecer una imagen apocalíptica de Cuba porque
convoca a su población a asumir con responsabilidad la tarea de
enfrentar los efectos negativos de una crisis económica y financiera
que está agobiando a todo el planeta.
Y lo hacemos a diferencia de otros muchos países, contando con el
pueblo para no despedir a decenas de miles de trabajadores, ni
cerrar escuelas u hospitales ni eliminar los principales beneficios
de la seguridad social.
De esas cuestiones vitales no tendrán materia prima para elaborar
sus despachos cablegráficos.
El primer fruto que constata nuestra redacción en estos momentos
de esos apelativos publicados por Granma es la respuesta
consciente de muchas administraciones y de los trabajadores de lo
vital que resulta redoblar los esfuerzos en el ahorro, mediante la
adopción de medidas prácticas en favor del uso más racional de los
recursos.
Luego de un extraordinario esfuerzo del Estado en los últimos
años, Cuba dispone de suficiente capacidad de generación eléctrica.
Las irregularidades que ocurren responden sobre todo a
interrupciones motivadas por necesarias labores en las redes con la
intención de rehabilitarlas y modernizarlas.
Mas la seguridad de un servicio de electricidad que en un
porcentaje elevado disfrutamos (el 100% no es posible por razones de
mantenimiento e imponderables como averías) no puede traducirse en
sobreconsumos y despilfarros. Si en cualquier tiempo es válido e
inteligente ahorrar, en el presente de crisis y de inestabilidad en
el precio de los hidrocarburos, siempre sobre lo alto, se vuelve más
que imprescindible.
De ahí el símil utilizado de que en términos económicos no acudir
al ahorro equivale a la muerte. Pero la frase expresada por el
compañero Francisco Soberón, ministro presidente del Banco Central
de Cuba, en el Congreso de los economistas cubanos de noviembre del
año 2005, no tiene un ápice de pesimismo pues ella, al igual que
nuestra consigna política de ¡Patria o muerte!, concluirá también
con la irrenunciable decisión de ¡Venceremos!
Venceremos porque la finalidad no es afectar los servicios
básicos de la población sino, como ha insistido tantas veces el
líder de la Revolución, se trata de encontrar en el ahorro la fuente
más cercana y segura de ingresos; es ahí donde tenemos las mayores
potencialidades.
Otra mención recurrente de las agencias extranjeras es que Cuba
importa unos 92 000 barriles diarios de petróleo procedente de
Venezuela en condiciones preferenciales de financiamiento, como si
fuera una operación subvencionada, sin consignar que el monto forma
parte de un convenio debidamente establecido y que es absolutamente
retribuido.
La aplicación próxima de un plan riguroso para el chequeo diario
del empleo de combustible y otros insumos tiene la pretensión de
propiciar el uso óptimo de todos los recursos, incluido el humano;
de responsabilizar a las administraciones con la eficiencia;
comprometerlas con el mejor trabajo en torno a la contabilidad, los
costos y otros principales parámetros de la economía y, por sobre
todas las cosas, producir sin mentalidad gastadora.
No es la intención criticar el trabajo de colegas de agencias
internacionales, pero sí sugerirles la necesaria objetividad en la
difusión de noticias. Los fantasmas y la apocalipsis se desvanecerán
frente al optimismo de nuestro pueblo, ganador de innumerables
batallas. Y en esta, tampoco va a ser menos. Quienes piensen lo
contrario, se quedarán con las ganas.