Ahorro energético: el sector estatal no es un ente abstracto

Susana Lee
Susan.ll@granma.cip.cu

De ahorro en general y particularmente del vinculado a la energía y los combustibles, se habla y escribe mucho por estos días. Es comentario cotidiano. Eso es bueno, muy bueno, aunque a decir verdad, no debería ser "por estos días", ni a tenor de situaciones emergentes, sino siempre, como filosofía de vida.

Su contrario —malgasto, derroche, despilfarro— debería suprimirse del vocabulario habitual y más que de este, de la conducta y el quehacer periódicos de cada cual, en lo individual, lo familiar y lo colectivo.

Con profusión de datos y hechos, autoridades y especialistas nacionales y locales argumentan las causas por las que ha sido inevitable adoptar medidas excepcionales para enfrentar y detener la tendencia al sobreconsumo energético, por ende, al gasto no planificado de combustible para su generación, manifestados entre abril y mayo últimos —63 mil toneladas— , cuestión imposible de sostener en la situación actual de nuestra economía que, como se ha informado, no escapa a los impactos de la crisis global desatada hace casi año y medio.

Pero, sobre todo, el conjunto de las informaciones brindadas, aborda de manera transparente, plausible y viable, la vasta gama de alternativas para contener todos los "sobre", cumplir estrictamente los planes reajustados de consumo y las medidas que lo hacen posible, y aún acudir a esas reservas "escondidas" que propiciarían, incluso, ir más allá. Reportajes, entrevistas, testimonios divulgados de las experiencias en diferentes centros laborales y comunidades, y cartas de lectores que nos trasladan iniciativas y recomendaciones, así lo evidencian.

Sin embargo, desde que se ofrecieron los primeros elementos sobre el tema, se enfatizó en que el mayor derrochador es el sector estatal —particularmente el presupuestado—, sobre el cual giraron las indicaciones más drásticas, sin obviar fraudes y otras violaciones puntualmente registradas en el residencial, las cuales también serán sancionadas.

Con frecuencia se conoce de estudios e inspecciones que corroboran tal afirmación: más de 3 000 violaciones detectadas en entidades estatales, empleo de un 30% más de los portadores energéticos requeridos para sus labores, consumo 22 veces mayor que en las viviendas... y lo más asombroso, recientemente le escuchamos a Vicente la O Levy, Director de la Unión Eléctrica, que, aun cuando ya se observan reducciones significativas como consecuencia de las medidas adoptadas —léase territorios ajustándose a sus programas, sensible disminución del consumo en empresas y establecimientos, etc.—, todavía hay centros sin programas de ahorro y sin estos, ¿cómo ahorrar?

No obstante, el mensaje se reitera: el sector estatal tiene sobre sí la responsabilidad principal en la reducción de los excesos injustificados de consumo¼ con lo cual, los "residenciales", por demás el mayor número de usuarios del servicio eléctrico, "podríamos" distanciarnos del fenómeno y apuntar críticamente hacia los estatales, culpándolos desde ya de los apagones que se producirían si no erradican el sobreconsumo.

Cierto es que en el universo del sector residencial —usted, yo, nosotros— la inmensa mayoría nos impusimos medidas de ahorro desde que se rediseñó la tarifa eléctrica hace algunos años, como parte de las decisiones del Gobierno encaminadas a encontrar fórmulas de ahorro y eficiencia en el consumo energético, y todos estamos conscientes de que si gastamos hasta 100 kWh serían 9 pesos; entre 101 y 150 kWh, el recibo llegará con 15 pesos más; entre 151 y 200, serían 20 pesos más; entre 201 y 250 serían 30 pesos más; entre 251 y 300 serían 40 pesos más... El "bolsillo" obliga, más allá de la cultura del ahorro.

Pero... nos olvidamos que más de 3 millones de "residenciales", en tanto trabajadores, somos también usuarios del "estatal" y que, aunque gastar más en nuestra área y centro laboral no repercute en nuestros bolsillos individuales, SÍ perjudica el de la entidad y el del país, por lo tanto no deberíamos sentirnos "ajenos" a ese sobregiro... todo lo contrario.

Las medidas en ejecución son una necesidad perentoria. Incumplirlas en cualquier lugar, por distante que nos parezca, nos afectará más tarde o temprano. Si en casa somos celosos con el uso innecesario de equipos, artículos, o un simple bombillo, si exigimos a toda la familia con el "apaga que no lo estás usando", tenemos que trasladar ese reclamo a nuestra otra "casa" y a nuestra otra "familia": nuestros compañeros de trabajo.

Si es el sector estatal el mayor incumplidor, el que malgasta, sobreconsume y no se ajusta a las regulaciones que conllevarían reducir en un 10-15 y potencialmente hasta un 20% el consumo energético y a no tener que erogar decenas de millones de dólares en combustible, que por demás hoy no tenemos, debemos ganar en conciencia de que no es un ente general y abstracto —el sector estatal— el responsable, sino USTED, YO, NOSOTROS que lo permitimos y no conocemos el plan de ahorro, donde existe, o no exigimos que se elabore de inmediato, donde aún no se ha confeccionado, en el entendido de que tenerlo y más que todo conocerlo implica concretar en cada puesto laboral sus medidas y aplicarlas como en nuestra propia casa.

A menudo acuñamos frases hechas y las repetimos hasta el cansancio, por muy loables que resulten. "Tarea de todos", es de las más comunes. El programa nacional en vigor para ahorrar energía y combustibles no escapa a ello.

De lo que se trata es que ese TODOS no es neutro, sino la suma de muchos "usted", de miles de "yo", de millones de "nosotros" con nombres y apellidos, y de que en la medida que en nuestro sencillo puesto laboral hagamos lo que nos corresponde y no nos dé pena exigirles a los demás, empezaremos a materializar de verdad esa TAREA DE TODOS.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas | Especiales |

SubirSubir