La
Gran Revolución de Octubre marcó la historia del siglo XX, y fue
Lenin, su más brillante conductor, a quien correspondió la
legendaria materialización del primer Estado socialista, aquel 7 de
noviembre de 1917 en la vieja Rusia de los zares, cuando los
obreros, soldados y campesinos, dirigidos por el Partido
Bolchevique, conquistaron el poder para iniciar la inédita
experiencia de la construcción socialista, marcando un hito para
toda la historia del devenir humano.
Las ideas primarias de Carlos Marx y Federico Engels sobre el
poder obrero-campesino se hacían realidad por primera vez, pese a
las difíciles circunstancias de su ascenso en el contexto feudal o
incipiente capitalista de Rusia.
El poder soviético fue capaz de resolver enormes tareas en
beneficio de las masas desposeídas, y crear un potencial humano que
hiciese posible inconmensurables hazañas en la historia de la
Humanidad, no obstante las riquezas y costo en vidas aportados para
vencer los innumerables conflictos provocados por sus enemigos,
entre ellos la Guerra Civil y el triunfo en la Gran Guerra Patria.
Al margen de cualesquiera otras consideraciones, de las acciones
del enemigo, de los errores propios o de las traiciones de algunos
hombres, la Revolución de Octubre sembró la semilla siempre presta a
fructificar e irradió una luz inapagable.
Baliño, Mella, Rubén Martínez Villena y centenares de
revolucionarios cubanos se inspiraron y siguieron las ideas y los
principios del marxismo-leninismo, y fundieron sus aspiraciones a
las de los primeros constructores de la sociedad socialista.
El compañero Fidel ha expresado:
"Los ecos de la Revolución de Octubre llegaron también a nuestra
Patria, como un rayo de esperanza para los humildes y explotados y,
poco tiempo después, nació el primer partido marxista-leninista en
Cuba".
Lenin sigue vivo en las mentes y los corazones de millones de
personas.