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Universitarios desde el pre
Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu
Ni la posibilidad de descubrir diversos misterios fue motivo
suficiente. Los jóvenes preferían cualquier otra carrera antes que
estudiar ciencias como Matemática, Física, Química y Biología. Las
aulas dedicadas a estas tenían no pocas sillas vacías. Sin embargo,
una idea audaz parece transformar este panorama.
Desde
septiembre, un número considerable de alumnos de preuniversitario
realiza los estudios correspondientes al grado doce en la
Universidad, con la licenciatura otorgada.
A la convocatoria respondieron más interesados que cuantos se
esperaban. Tras realizar la prueba de habilidades de la materia
escogida, un escalafón determinó quiénes calificaban para el
programa, y ya desde septiembre un número considerable de alumnos de
preuniversitario realiza los estudios correspondientes al grado doce
en la Universidad, con la licenciatura otorgada.
De modo que la Colina se ha pintado de azul, como tantos otros
recintos de la enseñanza superior en Cuba. En el edificio Varona, de
la casi tricentenaria institución capitalina, unos 140 estudiantes
pretenden convertirse en la primera hornada de los científicos que
el país reclama.
Ejercitación,
estudio, rigor, motivación y clases excelentes crean las bases para
lograr tantos graduados en ciencias como necesita la sociedad.
ANTES DE LO USUAL
La ciencia puede conseguir tantos milagros como los que relatan
los mitos y tradiciones más antiguos, incluso hechizó a 784 alumnos
de todo el país para presentarse al examen de habilidades de
Matemática: 130 lograron vencer la prueba y acceder a los centros de
altos estudios un año antes de lo usual.
De los 26 que insisten en tomar el camino de los números y
ecuaciones en la Universidad de La Habana (UH), "todos se harán
matemáticos", asegura Leonardo Cortés, profesor guía del grupo. El
trabajo de control parcial confirma su optimismo: 24 obtuvieron
calificación de excelente.
Luis Ramiro Piñeiro, decano de la Facultad de Matemática y
Computación, asiente: "Los muchachos son buenos. Les gusta lo que
estudian. Superaron un proceso especial de selección. De todos
modos, tenían deficiencias y les quedan algunas".
En el pasado curso escolar esa licenciatura disponía apenas de
144 pupilos en todo el archipiélago. La UH formaba a 48; algunas
provincias, ninguno. Ahora, según datos tomados en la secretaría
docente de la facultad capitalina, de primero a cuarto años suman
131 discípulos, además de estos otros 26 jóvenes que porfían por
entrar.
La cifra dista aún de la demanda de la sociedad. Pero el programa
crea bases para que quienes inicien el camino lo terminen, obtengan
el título y vayan hacia donde más necesiten de sus conocimientos.
Oneida Fernández, coordinadora del grupo de Química, señala que
los 28 estudiantes aprobaron el trabajo de control parcial, casi el
70% con puntuaciones entre 90 y 100. "En general, han progresado.
Son estudiosos, respetuosos... Agradecen esta oportunidad".
"Muchos de ellos no habían recibido clases de semejante calidad,
ni habían visto tal disciplina y rigor. La incesante participación
de algunos alumnos provenientes de la preselección nacional, me hizo
pensar que todos llevaban el mismo ritmo y dominaban el contenido;
sin embargo, comprendí que no era así y debía bajar hasta un nivel
promedio."
Entretanto, el profesor Saúl Larramendi alude a la voluntad de
quienes eligieron Física. "Traían muy mala base, a excepción de los
que recibieron entrenamiento a fin de intervenir en concursos. Con
el tiempo, han mejorado. Están aprendiendo. Se alistan no solo para
los exámenes de ingreso, sino principalmente para entrar a la
Universidad".
LA EXIGENCIA AYUDA
Es formidable recibir una clase así, dinámica, instructiva,
retadora. No hay pregunta que Oneida, Saúl, Leonardo, o quien esté
frente al aula, no consiga responder. Fórmulas y cálculos van y
vienen de manera vertiginosa, sin más protagonista que el grupo
entero, cada uno hallando la solución.
Dania Tamayo, procedente de los Camilitos de Arroyo Arenas, en
Ciudad de La Habana, señala el rigor del nuevo claustro. "Los
profesores universitarios no dictan; tenemos que percatarnos de
cuándo tomar nota. Pero son muy buenos: nos explican, nos entienden.
Y resulta más fácil si te gusta lo que elegiste y estudias".
Alejandro Rodríguez coincide en celebrar la exigencia. Es la
correcta, la que debe ser; están interesados en que aprendamos,
asegura el joven que proviene del Instituto Preuniversitario
Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Federico Engels, en Pinar del
Río.
Unos y otros distinguen la arista más sobresaliente para ellos.
Elayma Sánchez estudiaba antes en la Lenin y valora: "Esta opción
nos brinda la posibilidad de prepararnos bien en todas las ciencias,
e incluso en las letras, con profesores de mucha experiencia".
Para Yaser Matos, quien terminó el grado once en el IPUEC
República Popular China, en Matanzas, el inicio fue duro. "Hay
elementos de las asignaturas que no se imparten con la misma fuerza
en los pre. Las carreras de ciencias requieren de una base sólida;
si no la tienes, el pilar puede caer. Espero que el programa cumpla
el objetivo de graduar más estudiantes; depende de esta nueva
estructura... y de nosotros".
Mientras, Julio César Vieito —ganador de medallas de bronce en
concursos nacionales durante su décimo y onceno grados en la Engels,
en Vueltabajo— añade otro elemento a considerar.
"Algunos sienten temor sobre dónde irán a trabajar después, a
causa de la dispar motivación hacia esas ramas de la ciencia desde
la secundaria. Yo he buscado fuentes para documentarme; aunque sé
que pudiera ubicarme en un centro de investigación, no me molestaría
apoyar metodológicamente la enseñanza."
Vale añadir que los IPVCE han de reconquistar su papel de formar
bachilleres para consagrarse a las ciencias una vez graduados, como
procura el Ministerio de Educación en la actualidad.
Entretanto, discípulos y profesores están de acuerdo en que la
idea de hacer el duodécimo grado en la Universidad permite preparar
mejor a los estudiantes, y refuerza la orientación vocacional hacia
Matemática, Física, Química y Biología. A fin de cuentas, la ciencia
es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de vida de
todo progreso. |