Los médicos cubanos y su obra humanitaria en Haití han demostrado
al mundo un digno ejemplo de entrega fraterna, desprendimiento
humano y profesionalismo de altura, de curtida experiencia médica y
de amor puro por el prójimo, acción que hay que admirar y divulgar
por todos los medios de comunicación del planeta. Aunque, por
supuesto, a estos médicos les ocupa más que cada ser humano que
atiende se sienta agradecido; esa es su recompensa.
La donación de servicio que estos ángeles de la medicina están
ofreciendo al pueblo haitiano y que intentan ocultar los medios de
comunicación internacionales, tiene tanta dignidad espiritual y
humanista que no puede quedarse oculto tras la avaricia y el morboso
egoísmo de los grandes consorcios, ni de los organismos mediáticos
que están al servicio de la maldad política. Una sonrisa de un niño,
una madre agradecida, un pueblo atormentado que sabe quien es el
amigo sincero que le da su mano franca, es como un sol humano que
llega a su socorro con la energía del verdadero sentimiento de amor
y respeto. Este acontecimiento rebasa todo torpedeo de indiferencia
de los medios noticiosos, porque su acción de pureza está por encima
del mal y lo derrumba con la carga de amor tan poderosa que lleva y
que transmite el feliz agradecimiento de quienes la reciben.
Los haitianos ven, con hechos que comprueban, cómo los médicos
cubanos llegaron a sanarlos, a rescatarlos de las calamidades que
sufren, sin armas para matar, pero con instrumentos de amor
fraternal y de conocimiento suficiente como para devolverles la fe,
la sonrisa y la esperanza de que la compañía del médico vino a curar
sus heridas físicas y espirituales. Esta labor grandiosa de los
médicos cubanos en Haití, viene ejecutándose desde hace varias
décadas en el mismo país y por el Mundo, donde se les ha solicitado.
Este sacerdocio de la medicina reivindica la profesión médica que en
estos tiempos se practica con esmeros de ganancia económica
únicamente, suplantando el servicio por el negocio de la medicina,
en el que tratan a sus pacientes como cifras y números y usurpan la
esencia de servicio para la que es y debe ofrecerse la profesión de
la medicina.
Con estas gestas heroicas los médicos cubanos salvan y elevan su
profesión en el pedestal del verdadero servicio cristiano y, al
mismo tiempo, su ejecutoria de amor pone de manifiesto el falso
humanismo de quienes llegaron a Haití con armas y tanques, como si
el pueblo haitiano les hubiera declarado la guerra. Mirar las
escenas de la llegada de los Marines apertrechados hasta los
dientes, con el arsenal del ejército de los Estados Unidos que llega
a un país destrozado por un terremoto con actitudes bélicas y ver
los cascos azules de la ONU arremeter contra la población
desorientada, que busca amparo, ayuda y comprensión, contrasta con
la agenda de acción inmediata, sin titubeos para salvar vidas, de
los socorristas venezolanos, chilenos, cubanos, nicaragüenses y de
otras latitudes. Estas escenas nos confunden mucho, ¿dónde está el
amor y la fuerza mental y persuasiva del atreverse a enfrentar al
pueblo con las destrezas del poder mental y espiritual del amor y la
palabra acertada y convincente para controlar a la población que
sufre y vive en estado de conmoción, al verse despojada de todo y
cubierta de miseria? Claro que se desesperan, pero con armas de
fuego no se cura, no se sana ni se convence a nadie de que llegaron
al territorio devastado con intenciones honestas, buenas y
humanitarias.
La mano sincera de amigos, de los médicos cubanos y de los demás
países que llegaron al otro día de la catástrofe y hombro con
hombro, sin afán de protagonismo, se han entregado al servicio de su
prójimo, recibirán de muchas generaciones de la historia humana
amor, pues, como dicta la frase, amor con amor se paga.
Pobres de aquellos que con su "bondad" bélica quieren y buscan
ser reconocidos. Tendrán la recompensa al modo y forma que se
impusieron. Qué bueno que los olvidados y rechazados por la prensa
maleada, en favor de los intereses mezquinos, sean recordados: los
médicos cubanos y al resto de los demás médicos de diferentes países
que se unieron con la misma intención de poner en práctica primero
el amor sagrado al semejante, como los protagonistas de una épica en
la medicina mundial, sin precedentes en la historia humana. Los
recordaremos como la extensión y la ciencia del poder del amor
bondadoso, unos galenos que representan la ciencia humanista al
servicio de los desplazados y los pobres de la tierra; ellos llevan
a la práctica el verso cristiano de que los últimos serán los
primeros.