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Desde Haití
José Martí en Cabo Haitiano
“Es muy grande mi felicidad...; puedo decir que
llegué, al fin, a mi plena naturaleza... Hasta hoy no me he sentido
hombre. He vivido avergonzado y arrastrado la cadena de mi patria
toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo; este
reposo y bienestar explican la constancia y el júbilo con que los
hombres se ofrecen al sacrificio”.
JUAN
DIEGO NUSA PEÑALVER Enviado especial
Fue una tarde muy especial, íntima, llena de reverencias a un
hombre que hizo grandes y respetados a los cubanos, que luchó y
murió por nosotros.
La
doctora matancera Griselda Duvergel junto a la haitiana Esther Noel,
dueña de la casa número 63, entre 13 y 14 de Cabo Haitiano, en la
cual se alojó José Martí en 1895.
No hay mejor homenaje al Maestro, en el aniversario 116 de su
caída en combate, que tener el privilegio de seguir sus huellas en
la historia, su paso por Cabo Haitiano —la ciudad generosa que lo
cobijó—, para sentir aunque sea por un instante el sufrimiento y los
sueños del Hombre de La Edad de Oro y exaltar su memoria.
La que fue en su día capital de la posesión francesa de Saint-Domingue
(actual Haití) es hoy una pequeña ciudad portuaria, hormigueante
(con 180 000 habitantes) y muy vital. Sus calles estrechas, cortadas
por ángulos agudos, siguen el trazado de la ciudad colonial.
José Martí llega por primera vez a esa ciudad el 9 de septiembre
de 1892. Va camino de Montecristi donde espera entrevistarse con el
General Máximo Gómez para ofrecerle la jefatura militar de la Guerra
Necesaria.
Igualmente estuvo en esa urbe en junio de 1893 y febrero de 1895.
Precisamente los pormenores de los febriles meses por las
repúblicas hermanas de Haití y República Dominicana, para desatar
finalmente la guerra libertaria, los recoge nuestro Héroe Nacional
en su Diario de campaña: "De Montecristi a Cabo Haitiano".
UNA VISITA A LA "CASITA" DE MARTÍ
Un grupo de nuestros colaboradores de la salud visitó una modesta
edificación de mampostería de tres plantas, pintada de blanco y sus
puertas y ventanas en azul, en cuya planta baja se alojó en 1895
nuestro José Martí.
La morada evidentemente sufrió transformaciones en su fachada;
sin embargo, su interior parece detenido en el tiempo.
Sobre sus paredes, testigos entonces de nuestras ansias de
independencia, solo cuelgan tres cuadros: uno del Sagrado Corazón de
Jesús, otro del desaparecido Papa Juan Pablo II y el de mayor tamaño
y más antiguo de todos, de nuestro Apóstol.
La haitiana Esther Noel, de 41 años, señala a Granma que
la residencia es una propiedad familiar, en la cual vive desde 1981
junto a su madre, madame Esperanza.
Expresa que antes vivieron allí otros de sus parientes y el
cuadro de nuestro Martí siempre presidió el principal muro de la
"salita", preservando ese halo de profunda veneración.
"José Martí fue un gran General, que luchó por la independencia
de Cuba¼ , viajó a Haití y vivió en esta morada, en la cual se
reunió con algunos haitianos y cubanos para continuar con los planes
conspirativos independentistas", afirma Esther, profesora y abogada,
que agrega que es un honor tener esa instantánea de Martí en la sala
de su casa.
En el exterior de la vivienda, en la parte superior de la puerta
de calle, una placa de mármol deja constancia para la historia de la
huella martiana en el lugar: "Esta es la casa de Millevoye Mercier,
en la cual se alojó José Martí traído por el doctor Ulpino Dellunde.
Abril 1895. Comité haitiano por el centenario del natalicio del
Apóstol. 28 de enero de 1953".
Esta sencilla tarja revela la estrecha amistad que mantuvo el
autor del Ismaelillo con Ulpino Dellunde, médico cubano que
hospedó varias veces a Martí en su propia casa y lo ayudó a
conseguir armas para la guerra.
Una calle de Cabo Haitiano lleva el nombre de José Martí,
reafirmando que ya es tan nuestro como de ese punto de la geografía
haitiana, en la cual se cruzan las historias de dos pueblos
hermanos. |