¿Quién
no ha oído hablar alguna vez de Matías Pérez?
De cualquier cosa perdida, desde el botón de oro que ajustaba el
cuello de pajarita de nuestros abuelos se decía, y hay quien lo dice
aún: "Voló como Matías Pérez." Y así ese nombre casi legendario,
vino a ser sinónimo en Cuba de las cosas esfumadas, perdidas.
Don Matías Pérez era un hombre progresista, valiente hasta la
exageración. Soñaba con surcar el espacio y, además, hacía todo lo
posible por convertir ese sueño en realidad. En otras palabras,
Matías era un astronauta. Y para demostrarlo a plenitud, ascendió en
un globo el domingo 29 de junio del año 1856, ante los ojos
admirados de varios centenares de habaneros.
De aquella proeza el gacetillero del Diario de la Marina, órgano
del Apostadero Naval de La Habana, informaría textualmente:
ASCENSIÓN AEROSTÁTICA.—Ayer tarde al anochecer, verificó su
anunciada ascensión el arrojado astronauta D. Matías Pérez, sin que
ninguna de las personas que presenciaba el acto dejara de comprender
el peligro que corría el viajero lanzándose a la oscuridad, que no
tardó en rodear el globo, e impelido por el viento que lo hacía
marchar al mar.
Poco tiempo después se vio bajar el globo y ascender de nuevo,
sin duda porque viéndose más adentro el señor Pérez no distinguió
buque alguno que pudiera prestarle socorro a la distancia a que se
hallaba de la costa; a la hora que escribimos, aún no se sabía del
paradero del aeronauta. Quiera Dios que esa triste certidumbre no
justifique los temores que por su suerte abrigan sus numerosos
amigos.
Varios días después, el propio periódico del Apostadero apuntaba
lo siguiente:
D. MATÍAS PÉREZ.— Ayer vimos en algunas esquinas un cartel
manuscrito que decía así: "Por un pasajero que acaba de llegar de
Bahía Honda se sabe que ayer a las 10:30 de la mañana cayó (Pérez)
entre el castillo y la ensenada de Bahía Honda en tierra firme.
Habana, 1 de julio de 1856. B.S. No faltó alguno que al ver esas
iniciales exclamase que aquello quería decir bola segura; lo cierto
es que a estas horas nada se sabe aún sobre el señor Pérez, cuya
suerte ha despertado un interés muy grande entre las clases.
Desde luego que de don Matías no se supo nada más. ¿Cayó al mar?
Es posible. La imaginación popular gusta pintárselo aún en su globo,
viajando por el cosmos, más allá del tiempo, joven todavía, con sus
mostachos enhiestos y su coraje estupendo. No le extrañaría a nadie
que un cosmonauta se lo encontrara en la ruta de Venus.
Llama la atención que el destino de Matías Pérez desde el primer
momento fuera tema para chistes como el del periódico mural y
manuscrito de que nos habla el gacetillero de La Marina. Y algo más.
Pocos días después, un señor llamado Barreras, estrenaba en el Gran
Teatro un juguete cómico con el título de Ascensión peligrosa,
que tuvo tanto éxito que su autor lo editó en la imprenta de Soler
en la calle Muralla, para venderlo al público.
Desde entonces, de lo que desaparece se dijo antes, y se dice
todavía hoy:
¡Qué barbaridad, voló como Matías Pérez!