Silvio Rodríguez en Bellas Artes

Concierto de confirmaciones

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

foto: Juvenal BalánEl 12 de julio de 1967 un joven trovador llegó hasta el Museo Nacional de Bellas Artes para continuar, quizás sin saberlo, los inicios de una leyenda que perdura hasta hoy. Mucha agua ha corrido bajo el puente, y ya los tiempos no son los mismos en que andaba con la guitarra al hombro y el espíritu en brasas por los escenarios cubanos. Sin embargo, los temas de Silvio Rodríguez se siguen colando en la piel como el más profundo de los sentimientos.

En su nueva presentación en Bellas Artes, que compartió con el coro Exaudi, este artesano de canciones mostró parte de su pasado y presente durante casi dos horas. También, casi al abrir la noche, cantó dos versiones de Sea señora, de su álbum Segunda cita. La primera la desgranó a capella, como si se tratara de un diálogo íntimo, personal. Luego se hizo acompañar de la flautista Niurka González, el baterista Oliver Valdés, y el trío Trovarroco, para continuar con la canción en la que brinda su perspectiva de la realidad cubana contemporánea.

Casi a los pies del escenario, el público parecía un miembro más de su banda. Particularmente cuando dejó caer versiones de varios de sus clásicos como Ojalá, Mariposas, Óleo de mujer con sombrero, El reparador de sueños, Quién fuera y El Mayor, los cuales conservan todo lo que un día los hicieron grandes. Ciertamente, no son pocos los que a la luz de hoy otorgan su propia interpretación a estas obras para luego incorporarlas a sus historias personales como libros de cabecera.

A lo largo de la noche, el trovador presentó a un Silvio dispuesto a disfrutar del concierto no solo como un regalo al joven que fue, sino también a su legión de seguidores que colmó el Museo. De hecho, trató de que todo en su universo funcionara a la perfección, y se sobrepuso a evitables fallas de audio en medio de los acordes de Escaramujo, uno de sus temas emblemáticos. "Si ustedes quieren lo repito", dijo, y recibió de regreso fuertes aplausos de aprobación.

Inmediatamente después retomó este clásico que pegó fuerte en la fibra emocional del auditorio.

 

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